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sábado, 5 de diciembre de 2009

Mis otros yo


Tanto el protagonista de House como el de Detective Conan están basados en una de las figuras del mundo detectivesco más conocidas del planeta: el detective inglés de la Baker Street, Sherlock Holmes. A su vez el Sr. Holmes estaba fuertemente inspirado en el Dr. Joseph Bell uno de los profesores de Arthur Conan Doyle (el creador de Sherlock), que tenía la habilidad de poder dilucidar cuál era la profesión, el origen, y la historia reciente de cualquiera de sus pacientes con sólo verlos o darles la mano. Los que hayan leído “Estudio en Escarlata”, se van a poder acordar de que en el momento en que Watson conoce a Holmes, éste con sólo darle la mano ya podía notar que había sido médico militar en la campaña de Afganistán.

Tanto Shinichi Kudo como el Dr. House tienen una inspiración importante en el célebre detective inglés, pero a la vez Holmes también estaba inspirado en otra persona. Lo divertido es que se termina armando una suerte de mapa conceptual donde todos tienen un núcleo en común pero capaz que los diferentes globos no tienen nada que ver entre sí (aunque por ahí si, todo depende).

Es por eso que esta vez lo que quería hacer, era nombrar a varias personas, ya sean reales o ficticias que guarden algún parecido conmigo, físicamente o en cuanto a su personalidad. Cada persona o personaje va a tener una mínima descripción y voy a aclarar en que se me parecen específicamente. La mayoría de las veces fueron otros los que me vieron parecido a estas figuras.

Leo Astrada: director técnico de River. No me gusta mucho el fútbol así que no se demasiado sobre él. Mi abuelo, el viejo de unos amigos y un flaco del colegio que no me bancaba, me decían que me parecía a él, especialmente por los rulos.




Ari Paluch: conductor de “El Exprimidor”, un programa de radio, también es el autor del libro “Combustible Espiritual”. Aparece en la tele cada tanto. Una vez mientras comíamos con mi primo, mi abuelo y mi tía en un restaurante bien familiar, mi primo me dijo que yo era una mezcla de Tom Hanks, Ari Paluch y un hindú. Al que más me copaba parecerme era a Ari Paluch.





Apu: ¿Hace falta presentarlo? Si no se miran Los Simpsons, creo que no deberían ni leer este blog. El dueño y regente hindú del Kwik-E-Mart, famoso por su típica frase: “Gracias, vuelva prontos”. Me acuerdo que cuando estaba en tercer año del secundario los que ya estaban en quinto me decían Apu. Eran esos casos cuando no saben tu nombre y como te tienen que decir de alguna manera inventan un apodo.




Gary Kasparov: Ajedrecista ruso. Ex-Campeón del mundo de ajedrez. Mi viejo me dice que de los ojos y la frente me parezco a él.









Bobby Hill (Beto Reyes): Mi primo también dice que me parezco a Beto, el chico de la familia protagonista de Los Reyes de la Colina, de hecho, dice que es el que más se parece a mí de todos los personajes de la lista. Principalmente por ciertas actitudes medio ridículas e infantiles como ponerme a jugar con la nieve del freezer o sacar las estalagmitas.






Mario Santos: Uno de los cuatro Simuladores. En cierta forma se podría decir que es el lider, el que se encarga de la planificación de todo, el que arma los planes, el que piensa. Algunos me dijeron que a veces hablo parecido a él, demasiado correcto y formal. La última vez que me lo dijeron creo que fue una amiga cuando en su casa pedía un taxi por teléfono. “Ay, hablás como el de los simuladores”.



Stevens: Ojo, no estoy hablando de Anthony Hopkins, sino de Stevens, el personaje de la película “Lo que queda del día” (The Remains of the Day). Con este personaje me siento yo mismo identificado. Un mayordomo inglés bastante formal, que le cuesta mucho trabajo hacer chistes. Siempre que le hacen una broma trata de responderla con otra broma pero casi nadie las entiende y termina quedando medio desubicado.

lunes, 9 de febrero de 2009

Lo que queda del día (fragmento)




Hace aproximadamente veinte minutos que se ha ido el hombre. Sin embargo, he permanecido aquí, en este banco, a esperar el acontecimiento que justo ahora acaba de tener lugar; me refiero a que acaban de iluminar las luces de la escollera. Como he dicho, la alegría con que han recibido este pequeño acontecimiento todos estos azota calles que andan por el paseo, me parece que corrobora las palabras de mi interlocutor. Mucha gente prefiere la noche al día. Siendo así, quizá deba seguir el consejo de no pensar tanto en el pasado, y demostrarme más optimista y de aprovechar el máximo lo que me resta del día. Después de todo, ¿Qué se gana con estar mirando siempre atrás? ¿Con culparnos del hecho de que la vida no nos haya llevado por el camino que deseábamos? Por duro que parezca, la realidad para la gente como ustedes o como yo es que no tenemos mas opción que dejar nuestro destino en manos de esos grandes personajes que guían el mundo y que contratan nuestros servicios. ¿Para qué preocuparse tanto por lo que deberíamos haber hecho o dejado de hacer para dirigir el curso que tomaban nuestras vidas? Para personas como usted o como yo, la verdad es que basta con que intentemos al menos aportar nuestro granito de arena para conseguir algo noble y sincero. Y que los que estamos dispuestos a sacrificar una gran parte de nuestra vida para lograr esas aspiraciones, debemos considerar el hecho en sí motivo de satisfacción y orgullo, cualquiera que sea el resultado.
Hace unos minutos, poco después de que encendieran las luces, me he vuelto para observar más de cerca de esta multitud que reía y conversaba alegremente detrás de mí. Es gente de todas las edades que deambula por la escollera: familias con niños, parejas, gente mayor, jóvenes cogidos del brazo. A distancia, detrás de mí, hay un grupo de seis o siete personas que ha despertado en mí cierta curiosidad. Como es natural al principio he pensado que era un grupo de amigos que habían salido a dar un paseo, Pero al escuchar sus conversaciones, he comprobado que no se conocían y que simplemente habían coincidido aquí, justo detrás de mí. Por lo visto, se han parado un momento al encenderse las luces, y después se han puesto a hablar entre ellos. Ahora, mientras les observo, se ríen. Resulta curioso que la gente pueda congeniar tan fácilmente y con tanta rapidez. Quizá lo único que una a estas personas sea la ilusión por la noche que les espera, aunque francamente, me pregunto si el hecho de que estén ahora juntos no se debe más bien a su capacidad para gastarse bromas.
Ahora que percibo bien lo que dice, no oigo más que chistes. Supongo que así actúa mucha gente. Es posible que mi interlocutor, el hombre que estaba aquí sentado, esperara que mantuviésemos una conversación más divertida. Creo que si ése era el caso, le debo haber decepcionado. Sí, creo que ya va siendo la hora de que empiece a abordar en serio este asunto de las bromas. Después de todo, y pensándolo bien, no puede ser un pasatiempo tan estúpido, especialmente si resulta cierto que el gastar bromas es la clave del calor humano.
Por otra parte, también se me ocurre que el patrón que espera de un profesional que éste sea capaz de gastar bromas, tampoco le esta exigiendo una tarea tan disparatada. Es cierto que he dedicado mucho tiempo a desarrollar mis cualidades humorísticas; sin embargo, es posible que no haya puesto todo mi empezó en el labor. Cuando mañana regrese a Darlington may, considerando que mister Farraday aún estará ausente otra semana, empezaré a ejercitarme de nuevo con más ánimo. Así, cuando mi patrón vuelva, espero poder darle una grata sorpresa.