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domingo, 9 de mayo de 2010

A few good books (Parte 2)

Leí otras novelas de Salinger esperando encontrar diferentes versiones de El Guardián entre el Centeno, pero no fue así y un poquito me desilusioné. Durante el primer año posterior al fin del secundario leí unas cuantas de las mas variadas novelas como ser “La Identidad” de Milan Kundera, “Corazón” de Edmondo D’Amicis, “Las Penas del joven Werther” de Goethe, “El Perfume” de Patrick Süskind y un libro con los cuentos completos de Oscar Wilde (de los cuales recomiendo “El Principe Feliz”, “El Gigante egoísta” y “El Ruiseñor y la Rosa”). Varios eran muy buenos y otros pasaron un poco desapercibidos. Uno a veces se guía por los prejuicios y siente que si algo es un clásico sí o sí tiene que gustarle, mientras que la literatura nueva siempre tiene que ser puesta a prueba. Ese año descubrí que no es necesariamente así, que a veces un clásico puede resultarte un embole y una novela de hace dos años puede ser genial.

Un gran ejemplo de esto fue “Nunca me abandones” de Kazuo Ishiguro, novela que descubrí casi de casualidad. Un día en el cual me encontraba deprimido, me había puesto a buscar la palabra “abandono” en Wikipedia y entre los diferentes resultados había aparecido el titulo de esta novela que por suerte había sido traducida al castellano. Se nos narra la historia de unos chicos que viven en un internado llamado Hailsham, uno de esos colegios de elite de Inglaterra (el autor es japonés-inglés), donde reciben una importante formación además de darle una gran importancia a las disciplinas artísticas que siempre son expuestas en una galería del instituto. Por algún motivo desconocido sabemos que estos chicos de Hailsham son “especiales”, pero desconocemos el por qué y éste es uno de los nudos principales de la trama. Una historia genial, dejando de lado Harry Potter, esté había sido uno de los pocos casos en los cuales había leído una novela que había sido escrita tan sólo unos pocos años antes de haberla leído, y otra particularidad era que había sido una novela genial que yo solo había descubierto y nadie me había recomendado.

Leí otras dos novelas de Ishiguro que si bien no me fascinaron al mismo nivel que Nunca me abandones, me gustaron mucho. Los libros en cuestión son “Los Restos del Día” (del cual hicieron la película: “Lo que queda del día” con Anthony Hopkins y Emma Thompson) y “Cuando fuimos huérfanos”. Todas tienen ciertas características en común como ser estar narradas en primera persona por un personaje que no es del todo fiar y que narra los hechos de una manera un poco desordenada. (Comentario: dentro de poco se va a estrenar una película basada en Nunca me abandones, así que estén atentos)

Durante el 2008 tuve una mala racha habiendo empezado a leer (pero sin terminar) libros como “La conjura de los necios” de John Kennedy Toole o “El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde. Recién a fin de año, por comentarios de unos amigos, aproveché para leer en inglés “The Curious Incident of the Dog in the Night-Time” (El Curioso incidente del perro a la medianoche) de Mark Haddon. Esta la vez la trama se centra en un chico autista de quince años que quiere resolver el caso de la muerte del perro de una vecina. Después de leer el libro la historia me había parecido un tanto infantil pero la personalidad del protagonista era muy interesante.

Luego de esta interesante novela decidí leer dos clásicos relativamente breves como Hamlet (el cual me pareció tan conmovedor y emocionante como me había parecido a los seis años su adaptación al dibujo animado: El Rey León de Disney) y “El Proceso” de Kafka, el cual es como un tremendo laberinto pero de ninguna manera denso o aburrido. Dos librazos, definitivamente.

Del año pasado me acuerdo solamente de dos libros relevantes, los dos pertenecen a la última década. Uno de estos es “Los hombres que no amaban a las mujeres” de Stieg Larsson. Me gusto mucho, personajes originales y una historia bien hecha, un policial sobre un periodista y una hacker bastante excéntrica que deben resolver el misterio de la desaparición de una chica treinta y seis años atrás. Es parte de la trilogía Millennium que consta de tres tomos, pero el primero me dejó tan conforme que no sentí la necesidad de leer los dos siguientes, si bien estaba muy enganchado con el libro y en poco tiempo me leí las seiscientas y pico de paginas que tenía.

La última gran novela que leí fue “Déjame entrar” (Let the right one in) de John Ajvide Lindqvist. Me había enterado de que existía esta novela porque estaba interesado en ver la película que para ese entonces todavía no se había estrenado (sabía que iban a estrenar la película, pero no sabía que estaba basada en un libro). Como el estreno se había pospuesto varias veces, aproveche para leer la versión original en papel. “Problemas en los países desarrollados y terror”, eso era lo que respondía cuando me preguntaban de qué se trataba la historia. Me encantó como demuestra el hecho de que uno pueda ver ciertas dosis de sangre o algunas partes impresionantes no quita que haya amor y ternura sin ser una historia cursi o infantil. Si les da vagancia leer, pueden mirarse la película, Criatura de la Noche, que esta muy buena y a rasgos generales es muy fiel al libro.

Hoy, 22 de Abril del 2010, estoy a ocho páginas de terminar el tercer capítulo de Brave New World (Un Mundo Feliz de Aldous Huxley) que me tocó como libro para leer en el curso de inglés que estoy haciendo. Quizás esta sea una segunda oportunidad para leer el libro a ver que me parece…

lunes, 9 de febrero de 2009

Lo que queda del día (fragmento)




Hace aproximadamente veinte minutos que se ha ido el hombre. Sin embargo, he permanecido aquí, en este banco, a esperar el acontecimiento que justo ahora acaba de tener lugar; me refiero a que acaban de iluminar las luces de la escollera. Como he dicho, la alegría con que han recibido este pequeño acontecimiento todos estos azota calles que andan por el paseo, me parece que corrobora las palabras de mi interlocutor. Mucha gente prefiere la noche al día. Siendo así, quizá deba seguir el consejo de no pensar tanto en el pasado, y demostrarme más optimista y de aprovechar el máximo lo que me resta del día. Después de todo, ¿Qué se gana con estar mirando siempre atrás? ¿Con culparnos del hecho de que la vida no nos haya llevado por el camino que deseábamos? Por duro que parezca, la realidad para la gente como ustedes o como yo es que no tenemos mas opción que dejar nuestro destino en manos de esos grandes personajes que guían el mundo y que contratan nuestros servicios. ¿Para qué preocuparse tanto por lo que deberíamos haber hecho o dejado de hacer para dirigir el curso que tomaban nuestras vidas? Para personas como usted o como yo, la verdad es que basta con que intentemos al menos aportar nuestro granito de arena para conseguir algo noble y sincero. Y que los que estamos dispuestos a sacrificar una gran parte de nuestra vida para lograr esas aspiraciones, debemos considerar el hecho en sí motivo de satisfacción y orgullo, cualquiera que sea el resultado.
Hace unos minutos, poco después de que encendieran las luces, me he vuelto para observar más de cerca de esta multitud que reía y conversaba alegremente detrás de mí. Es gente de todas las edades que deambula por la escollera: familias con niños, parejas, gente mayor, jóvenes cogidos del brazo. A distancia, detrás de mí, hay un grupo de seis o siete personas que ha despertado en mí cierta curiosidad. Como es natural al principio he pensado que era un grupo de amigos que habían salido a dar un paseo, Pero al escuchar sus conversaciones, he comprobado que no se conocían y que simplemente habían coincidido aquí, justo detrás de mí. Por lo visto, se han parado un momento al encenderse las luces, y después se han puesto a hablar entre ellos. Ahora, mientras les observo, se ríen. Resulta curioso que la gente pueda congeniar tan fácilmente y con tanta rapidez. Quizá lo único que una a estas personas sea la ilusión por la noche que les espera, aunque francamente, me pregunto si el hecho de que estén ahora juntos no se debe más bien a su capacidad para gastarse bromas.
Ahora que percibo bien lo que dice, no oigo más que chistes. Supongo que así actúa mucha gente. Es posible que mi interlocutor, el hombre que estaba aquí sentado, esperara que mantuviésemos una conversación más divertida. Creo que si ése era el caso, le debo haber decepcionado. Sí, creo que ya va siendo la hora de que empiece a abordar en serio este asunto de las bromas. Después de todo, y pensándolo bien, no puede ser un pasatiempo tan estúpido, especialmente si resulta cierto que el gastar bromas es la clave del calor humano.
Por otra parte, también se me ocurre que el patrón que espera de un profesional que éste sea capaz de gastar bromas, tampoco le esta exigiendo una tarea tan disparatada. Es cierto que he dedicado mucho tiempo a desarrollar mis cualidades humorísticas; sin embargo, es posible que no haya puesto todo mi empezó en el labor. Cuando mañana regrese a Darlington may, considerando que mister Farraday aún estará ausente otra semana, empezaré a ejercitarme de nuevo con más ánimo. Así, cuando mi patrón vuelva, espero poder darle una grata sorpresa.