miércoles, 15 de septiembre de 2010

La Dropbox: o Internet como un medio más para boludear con amigos

Hace unos cuantos años, cuando yo tenía catorce y estaba en segundo del secundario, tenía con dos amigos un foro. Ese foro no trataba ningún tema en particular, los únicos que posteábamos éramos nosotros, así como también éramos nosotros los únicos que lo conocíamos. No tenía contraseña ni nada, tampoco había que registrarse para postear, igual nadie que no supiera la dirección iba a tener modo alguno de encontrarlo. Lo usábamos para comunicarnos entre nosotros, escribíamos comentarios de algo que había pasado en el día, pensamientos que teníamos (onda, “ya estoy podrido de estudiar tanto, y encima seguro X que es un boludo y un vago de mierda, va a terminar ganando mucha guita laburando en Estados Unidos”), y también muchas charlas con terceros que conocíamos en común. Yo en particular subía algunas poesías, canciones y varias veces algunas explicaciones que me daba uno de estos amigos sobre temas de las pruebas. Era una forma muy divertida de comunicarse, hoy la compararía un poco a Facebook pero más precaria y muchísimo más reducida (a sólo tres personas).

Hacía bastante que no me acordaba de ese foro, pero unos meses atrás caí en que este año habíamos terminado creando un espacio bastante parecido. Seguimos siendo tres personas, al menos las que más lo usamos para comunicarnos, con la diferencia de que de los tres del grupo anterior uno ya no está (menos mal porque era medio pesado y bastante botón) y se sumo uno nuevo (mucho más inteligente y copado). Ese medio es la Dropbox, una suerte de “Carpeta de archivos compartidos” pero más desarrollada y que funciona mejor. Originalmente la habíamos empezado a usar para escuchar música (siendo el primer CD subido “Confiá” de Fito Paez), pero se fue desarrollando y aparte le agregamos algunos juegos (como el arcade de Los Simpsons y unos jueguitos de Mario) y una divertida sección de fotos, varias de humor gráfico y otras donde nos ridiculizamos a nosotros mismos (Ejemplo: una mía con un almohadón arriba de la cabeza tratando de hacer equilibrio). Es un espacio chiquito pero muy divertido y ameno, podemos compartir buena música, jueguitos, reírnos de fotos y a veces hacer comentarios en los títulos de los mp3’s. Ahora discutimos un poco sobre qué cosas borrar y cuales dejar, por el tema para agregar espacio para archivos nuevos, con el foro pasaba algo parecido.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Mediados de Mayo del 2010

Definitivamente iba a volver a laburar. Ya que en mi caso, tener mucho tiempo libre contribuía a una pésima organización del mismo. Sabía que podía tener un buen rendimiento, muy bueno, de hecho, si realmente me lo proponía. Pero por algún motivo no tenía mucho interés en eso, y me molestaba, porque deseaba tenerlo. Mi estado de holgazanería me daba un poco de vergüenza, más aún cuando miraba los apuntes que había tomado en clase sobre Parsons:

“Es como si uno leyera la parte de atrás del prospecto de un remedio”

“Es un proceso por darle a la sociología sus propios términos (y su status de ciencia)”

“La lectura es dura.”

“Se que es un autor difícil y les cuesta.”


Me había atrasado bastante y la verdad no tenía muchas excusas. Capaz podía decir que estaba desmotivado, o sino simplemente que me había puesto bastante vago. No me disgustaba mi carrera, pero a veces daba la sensación de que era una ciencia artificial, una suerte de invento surgido después de muchas horas de debates intelectuales en algún café.

No me encontraba particularmente mal, de hecho era feliz, muy feliz, sólo que me preocupaban ciertos aspectos del futuro, más cuando escuchaba esos comentarios de mi abuelo como ser: “el futuro se compra en el presente”. No quería hacerme demasiada mala sangre en el momento, ya habría tiempo de pensar, de hablar y de hacer consultas, lo único importante era tratar de ser honesto con uno mismo y de decir realmente lo que uno cree que siente.

Falta de voluntad en el estudio y un poco de desmotivación, temas de los cuales pensaba hablar con Abi, porque si algo bueno tenía ese día era que me iba a encontrar con él a hacer una pequeña caminata filosófica y después tomar un cafecito cerca de su casa.

Fue a las tres de la tardé cuando le toqué timbre y, una vez más, realicé la breve rutina de caminar de un lado al otro de la entrada y ponerme a ver en el cronómetro de mi reloj cuanto tardaría en bajar. Fueron cinco minutos.

Cuando él bajó nos saludamos como siempre, bueno, capaz no como siempre, por ahí él sonreía un poco menos y estaba mas serio. Entre esas preguntas automáticas de ¿cómo estás?-bien-¿qué contás?, me comentó que había empezado a trabajar en una pasantía, y que había renunciado tres días después.

Se había presentado en no se muy bien qué lugar que tenía vinculación con la facultad, para hacer una práctica clínica, pero después de mirarle el currículum le habían sugerido que entrara en investigación, ya que él ya formaba parte de un equipo en la facultad. Abi había insistido en hacer una pasantía clínica, pero al Lunes siguiente, cuando había empezado, de inmediato lo habían mandado a hacer desgrabaciones de conferencias, cosa que no tenía nada que ver con la clínica (además de colocarlo en la posición de “último orejón del tarro” en ese nuevo proyecto de investigación que no había elegido).

- Encima me habían dicho que si iba a seguir en ese proyecto iba a tener que renunciar al equipo del cual ya formaba parte. En el nuevo iba a tener que ganarme todo el derecho de piso de vuelta, a lo cual no le vi sentido. – me contaba él y siguió – encima le comenté a uno de mis compañeros de equipo sobre el proyecto en el que trabajaban los de la pasantía y me dijo que le habían robado la idea. Quería averiguar el nombre del que estaba a cargo del proyecto, pero no se lo quise decir porque también dan clases en mi facultad y los tengo de profesores, no quería meterme en quilombos y que me hagan imposible recibirme.
- Todo un quilombo, ¡ja! Es muy gracioso, deberías escribir algún cuento sobre eso. – le dije.
- ¡Podés escribirlo vos! – me comentaba riéndose.

Para ese momento ya habíamos dado una vuelta a la manzana y decidimos entrar a algo que era parecido a una fonda cerca de su casa y tomamos un café con leche cada uno. Me empezó a hablar de psicología, sociología, psicología social, los prejuicios y la discriminación. Siempre era muy entretenido e interesante escucharlo, le dije que se podía hacer un programa de TV como el que tenía Feinmann, él se río, alegándome que era un poco patético ese programa.

Una cosa que a veces pasaba cuando me encontraba con él, era que por ahí yo tenía ganas de contarle algo o de hablar de un asunto en particular, pero me costaba un poco tener la iniciativa de sacar el tema, y al final terminábamos hablando de algo más filosófico o vinculado con nuestras carreras, temas que si bien eran muy interesantes, hacían que me fuera más difícil hablarle de algo que yo tenía ganas de contarle de antes. Por suerte esto cada vez pasaba menos y pude comentarle lo de la facultad, además el me había preguntado específicamente por ello.

Me contó que era común tener crisis cuando uno estudiaba sociología. Una prima de él estudiaba esa carrera y ya en el ciclo básico de la facultad le habían dicho que era común tener dudas y hacer interrupciones o no estar muy seguro de haber elegido bien por el hecho de que uno al estudiar socio no veía la aplicación práctica de la ciencia al mismo tiempo que la estudiaba. Por más de que fuera algo simple y breve lo que me había dicho, el hecho de escucharlo o de saber que era común sentir eso me había aliviado mucho.

Le avisé que faltaba poco para las cuatro, hora a la cual él me había dicho que tenía que irse al alergista. Como era a dos cuadras de donde estábamos tomando el café y a mí todavía me quedaba bastante tiempo antes de ir a la facultad, acepté acompañarlo. Le iban a hacer algo parecido a picaduras de distintos insectos para ver si era alérgico a alguno (o al menos yo había entendido algo así).

En la sala de espera antes de que lo atendieran nos habíamos puesto a hablar de diversos temas muy distintos entre sí, como para aprovechar bien la oportunidad de vernos y el tiempo, que no era muy abundante.

Como justo él se estaba haciendo estudios, me había surgido la idea de preguntarle por esos test psicotécnicos que a uno le hacen en las entrevistas de trabajo, ese típico examen del dibujo de una persona bajo la lluvia, ¿influía que el paraguas fuera o no fuera dibujado? Primero él se mostró dubitativo pero después me comentó que era posible que hubiera ciertos signos o indicios de cosas, que en general no dibujar el paraguas mostraba la predisposición de uno a enfrentarse a los problemas y dijo algo de la indefensión aprendida. ¿Qué era la “indefensión aprendida”? Me citó un cuento de Jorgito Bucay sobre un elefante que de chiquito lo habían atado del cuello a un árbol, para cuando el elefante ya se encontraba en una edad madura, ni se calentaba en querer escaparse, el condicionamiento de los primeros años lo había convencido de que era imposible. Lo mismo había pasado con el experimento de un perro encerrado en una jaula que cada diez minutos recibía una descarga eléctrica desde el piso: al principio hacía todo lo posible por escaparse, pero luego de bastante tiempo, cuando le habían abierto la puerta, ni se preocupaba por salir, ya se encontraba totalmente resignado. Pensar en las consecuencias de procesos así en personas todavía me produce escalofríos.

El otro tema del cual hablamos fue de un proyecto de espacio en Internet que queríamos crear. Una web que fuera una mezcla de rincón de expresión y pagina de humor, con ensayos irónicos, historietas, videos, chistes y alguna que otra puteada. Él se había acordado del proyecto ahí, porque justo antes yo le había preguntado si conocía una canción de Carla Bruni que le estaba tarareando, a lo cual él me había dicho, burlándose un poco, que lo ideal era grabarme y publicarlo en ese espacio.

Mientras mi amigo se encontraba ya en el consultorio yo aproveché para terminar de leer un capítulo más de Brave New World, novela que tenía que leer para mi curso de inglés. El libro estaba un poco arrugado porque hacía no mucho lo había llevado en la mochila durante un día de lluvia. Saqué mi cuaderno para hacer unas anotaciones de palabras o expresiones que quería buscar en el diccionario.

Al salir, Abi parecía haberse inspirado al verme anotando en el cuaderno, y me recordó una idea que le había surgido a un amigo nuestro, hablando del tema del espacio virtual: teníamos que recolectar frases que parecieran graciosas pero que no tuvieran demasiado sentido, entonces después podíamos pegarlas en distintos lugares (como ser el inodoro de un baño o un banco de la facultad) y que la gente las leyera (este amigo nuestro tenía una impresora en el trabajo con la que podía imprimir textos en papel tipo calcomanía), abajo tenía que estar la dirección de la página de manera que los curiosos se metieran.

Luego de haber arreglado un turno para la siguiente fase de sus estudios, salimos y, mientras lo acompañaba a su casa, él me tiraba un montón de esas frases para usar de slogans y publicidad de nuestra página web. Yo, mientras intentaba sin éxito contener la risa, anotaba algunas de las frases en el celular:

“Para los que leemos y no somos putos.”

“Otro intento vano de escapar de la intrascendencia.”

“Dígale no a las hemorroides.”


Cuando llegamos a la puerta de su casa, él me pidió que después le pasara por mails todas las frases que se nos habían ocurrido. Le pregunté sí no era mejor idea realizar primero la web y recién después armar las frases y difundirlas, a lo cuál él objetaba:

- ¡No! ¡Es primero la publicidad y después el producto! ¡Lo primero que te enseñan en marketing es eso!
- “Lo primero que te enseñan en marketing es eso”, otra buena frase para la web.

Mi amigo se reía.

Mientras yo ya me estaba yendo tranquilo para mi casa, él me había llamado una vez más la atención:

- Tengo otra más: Groucho Marx estaría revolcándose en su tumba.

Sí, definitivamente iba a volver a trabajar. Trabajar y estudiar tenía sus ventajas, la autodiscplina obligatoria, la buena organización, la sensación de ser útil, y por último algo muy importante, la expiación, un mecanismo muy bueno para evitar las culpas. Cuando a uno le va mal en un examen no se siente tan mal si trabaja y estudia, siempre esta ese mecanismo de autodefensa que dice: “bueno, pero también estoy trabajando” (curiosamente mi rendimiento era mejor teniendo menos tiempo y casi no me sentía culpable de ninguna manera).

miércoles, 18 de agosto de 2010

Honey, honey, honey, baby ya dejémos de llorar,
te veo ahí en media hora, no te olvides nos largamos de aquí,
dos días en la vida nunca vienen nada mal,
de alguna forma de eso se trata vivir...

jueves, 22 de julio de 2010

El Vil Metal

Progamas de la TV que nos inculcan malos modelos hay a montones, y lo curioso es que los más conocidos y hasta paradigmáticos no admiten esta condición. Tinelli o los productores de Gran Hermano no se jactan de hacer plata mostrándonos algunos de los valores bajos de la sociedad, en su lugar dicen que ofrecen “entretenimiento”.

Existió un programa, hará cosa de unos seis años, que lucraba haciendo un show de algo que no era de ninguna manera aplaudible: el engaño y la traición, pero con la diferencia de que no lo ocultaba. El slogan era “el programa que te muestra lo peor de los argentinos”. Si bien el hecho de admitir la calidad del contenido no servía de excusa para defenderlo, al menos podía decir que era un programa bastante entretenido y no andaba con rodeos.

Recuerdo haberlo visto por el canal de aire America, muy a la noche, en el verano del 2005. Se llamaba “Vil Metal” y, si bien tengo entendido, la idea estaba comprada de un programa extranjero. A pesar de lo que algunos creen, en el 2006 no se había vuelto a producir, sino que se transmitieron programas grabados del año anterior.

Básicamente el juego consistía en seis participantes, sentados en una mesa redonda que competían por ganarse cincuenta mil pesos. Cada jugador iba presentando una historia, que podía ser tanto verdadera como falsa, de por qué necesitaba la plata. En la prímer fase el juego estaba compuesto de tres partes, el debate, las alianzas y la eliminación. Durante el debate los participantes contaban sus historias y presentaban pruebas para converse, en las alianzas (que serían una especie de pausas) los jugadores se juntaban en grupos de a dos dentro de unas cabinas para tejer alianzas y discutir a quién podrían sacar del juego, durante la eliminación, cada participante designaba a quién quería dejar fuera y por qué. De está manera iban avanzando las rondas hasta quedar solamente dos jugadores.

Al quedar sólo dos participantes pasaban a la fase siguiente: primero debían apostar el botín de los cincuenta mil pesos, tenían que adivinar cuales eran las historias verdaderas y cuales las falsas, cada vez que le erraban iban perdiendo parte del monto. Después de esto tenían que responder correctamente dos preguntas de las cuales las respuestas siempre eran alguno de los participantes (Por ej: “a uno de los participantes le gusta sacar a pasear al perro a las dos de la madrugada, ¿De quién estamos hablando?”), se podía responder con mas de una respuesta, pero de esa manera se iba dividiendo la plata (uno colocaba más o menos plata en cada opción y cuando la opción era correcta la plata quedada y cuando era incorrecta se perdía). Lo malo de todo era que al final casi siempre terminaban compitiendo por muy poco, a veces quedando reducido de $50.000 a $5.000.

La parte final era la mas interesante, aunque trágica y quemadora a la vez. Llegaba el momento de dividirse el monto y las opciones eran dos: o compartir todo, o cobrarlo todo, de esto se llegaba a tres resultados posibles:

A) Si los dos participantes elegían la opción “cobrar todo”, ninguno cobraba nada.
B) Si los dos participantes ponían “compartir todo”, terminaban compartiendo el monto y cada uno recibía la mitad.
C) Si un participante ponía cobrar todo, y el otro compartir todo, todo el monto se lo quedaba el que elegía cobrar todo.

Los tres resultados han tenido lugar durante la breve transmisión del programa, aunque hay quienes dicen que todo estaba arreglado. Uno de esos productos que si bien no era una genialidad eran bastante entretenidos y pasaron sin pena ni gloria, tal como fue el caso de la serie animada de Rupert el balacao o la Neuss Cola.

domingo, 9 de mayo de 2010

A few good books (Parte 2)

Leí otras novelas de Salinger esperando encontrar diferentes versiones de El Guardián entre el Centeno, pero no fue así y un poquito me desilusioné. Durante el primer año posterior al fin del secundario leí unas cuantas de las mas variadas novelas como ser “La Identidad” de Milan Kundera, “Corazón” de Edmondo D’Amicis, “Las Penas del joven Werther” de Goethe, “El Perfume” de Patrick Süskind y un libro con los cuentos completos de Oscar Wilde (de los cuales recomiendo “El Principe Feliz”, “El Gigante egoísta” y “El Ruiseñor y la Rosa”). Varios eran muy buenos y otros pasaron un poco desapercibidos. Uno a veces se guía por los prejuicios y siente que si algo es un clásico sí o sí tiene que gustarle, mientras que la literatura nueva siempre tiene que ser puesta a prueba. Ese año descubrí que no es necesariamente así, que a veces un clásico puede resultarte un embole y una novela de hace dos años puede ser genial.

Un gran ejemplo de esto fue “Nunca me abandones” de Kazuo Ishiguro, novela que descubrí casi de casualidad. Un día en el cual me encontraba deprimido, me había puesto a buscar la palabra “abandono” en Wikipedia y entre los diferentes resultados había aparecido el titulo de esta novela que por suerte había sido traducida al castellano. Se nos narra la historia de unos chicos que viven en un internado llamado Hailsham, uno de esos colegios de elite de Inglaterra (el autor es japonés-inglés), donde reciben una importante formación además de darle una gran importancia a las disciplinas artísticas que siempre son expuestas en una galería del instituto. Por algún motivo desconocido sabemos que estos chicos de Hailsham son “especiales”, pero desconocemos el por qué y éste es uno de los nudos principales de la trama. Una historia genial, dejando de lado Harry Potter, esté había sido uno de los pocos casos en los cuales había leído una novela que había sido escrita tan sólo unos pocos años antes de haberla leído, y otra particularidad era que había sido una novela genial que yo solo había descubierto y nadie me había recomendado.

Leí otras dos novelas de Ishiguro que si bien no me fascinaron al mismo nivel que Nunca me abandones, me gustaron mucho. Los libros en cuestión son “Los Restos del Día” (del cual hicieron la película: “Lo que queda del día” con Anthony Hopkins y Emma Thompson) y “Cuando fuimos huérfanos”. Todas tienen ciertas características en común como ser estar narradas en primera persona por un personaje que no es del todo fiar y que narra los hechos de una manera un poco desordenada. (Comentario: dentro de poco se va a estrenar una película basada en Nunca me abandones, así que estén atentos)

Durante el 2008 tuve una mala racha habiendo empezado a leer (pero sin terminar) libros como “La conjura de los necios” de John Kennedy Toole o “El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde. Recién a fin de año, por comentarios de unos amigos, aproveché para leer en inglés “The Curious Incident of the Dog in the Night-Time” (El Curioso incidente del perro a la medianoche) de Mark Haddon. Esta la vez la trama se centra en un chico autista de quince años que quiere resolver el caso de la muerte del perro de una vecina. Después de leer el libro la historia me había parecido un tanto infantil pero la personalidad del protagonista era muy interesante.

Luego de esta interesante novela decidí leer dos clásicos relativamente breves como Hamlet (el cual me pareció tan conmovedor y emocionante como me había parecido a los seis años su adaptación al dibujo animado: El Rey León de Disney) y “El Proceso” de Kafka, el cual es como un tremendo laberinto pero de ninguna manera denso o aburrido. Dos librazos, definitivamente.

Del año pasado me acuerdo solamente de dos libros relevantes, los dos pertenecen a la última década. Uno de estos es “Los hombres que no amaban a las mujeres” de Stieg Larsson. Me gusto mucho, personajes originales y una historia bien hecha, un policial sobre un periodista y una hacker bastante excéntrica que deben resolver el misterio de la desaparición de una chica treinta y seis años atrás. Es parte de la trilogía Millennium que consta de tres tomos, pero el primero me dejó tan conforme que no sentí la necesidad de leer los dos siguientes, si bien estaba muy enganchado con el libro y en poco tiempo me leí las seiscientas y pico de paginas que tenía.

La última gran novela que leí fue “Déjame entrar” (Let the right one in) de John Ajvide Lindqvist. Me había enterado de que existía esta novela porque estaba interesado en ver la película que para ese entonces todavía no se había estrenado (sabía que iban a estrenar la película, pero no sabía que estaba basada en un libro). Como el estreno se había pospuesto varias veces, aproveche para leer la versión original en papel. “Problemas en los países desarrollados y terror”, eso era lo que respondía cuando me preguntaban de qué se trataba la historia. Me encantó como demuestra el hecho de que uno pueda ver ciertas dosis de sangre o algunas partes impresionantes no quita que haya amor y ternura sin ser una historia cursi o infantil. Si les da vagancia leer, pueden mirarse la película, Criatura de la Noche, que esta muy buena y a rasgos generales es muy fiel al libro.

Hoy, 22 de Abril del 2010, estoy a ocho páginas de terminar el tercer capítulo de Brave New World (Un Mundo Feliz de Aldous Huxley) que me tocó como libro para leer en el curso de inglés que estoy haciendo. Quizás esta sea una segunda oportunidad para leer el libro a ver que me parece…

martes, 27 de abril de 2010

A few good books (Parte 1)

Soy de la generación que empezó a leer con Harry Potter. Antes de conocer esta saga escrita por Joanne K. Rowling, los libros para mí eran eso que las maestras nos querían imponer. Había que leer porque era bueno, porque era saludable, decían tanto madres como maestras del primario. Durante la primaria la mayoría de los cuentos que había leído eran adaptaciones muy suavizadas de los cuentos de los hermanos Grimm que aparecían en los libros de texto del colegio (que casi siempre eran de la editorial Santillana). La lectura hasta ese momento había sido una imposición externa, nada que me interesara mucho.

Las cosas cambiaron un poco cuando me topé con Harry Potter, un libro que ya estaba de moda allá por el 2001 cuando había salido la cuarta novela. Ese libro tenía la particularidad de no subestimar al joven lector como si lo hacían muchos de los textos que había que leer en el colegio. Hoy se le crítica que es un libro muy marketinero o comercial, pero sin lugar a dudas es una lectura atrapante con una historia bastante original y bien realizada. Fue ahí cuando descubrí la verdadera actividad de la lectura y sus maravillas, al pasar mi vista por las letras decodificaba significados y mi cabeza reproducía una representación mental de los hechos que quien escribía quería narrar. Era como ver un programa o una serie interesante en la tele, con la diferencia fundamental de que el lector tenía una participación más activa y de que podía avanzar todo lo que quisiese hasta llegar al final.

Aún después de leer las novelas fantásticas de Harry no tuve mucha curiosidad por leer otros libros, consideraba que la mayoría eran más bien aburridos y que Harry Potter no era más que una rara excepción. En segundo año del secundario leí “Colmillo Blanco” de Jack London, lectura obligatoria para Lengua. Yo la había empezado a leer antes, más que nada porque venía junto con el libro de texto y me daba un poco de curiosidad. La novela me había gustado mucho, la historia trataba sobre un perro-lobo cuya personalidad iba evolucionando y cambiando a medida que cambiaba de amo. Un buen libro.

A fines de ese mismo año había empezado a leer las novelas de Arthur Conan Doyle protagonizadas por el detective londinense Sherlock Holmes, más que nada porque este personaje era muy nombrado en uno de mis animes favoritos que es Detective Conan. Llegué a leer unos cuantos libros de Holmes, de los cuales las novelas que mas puedo recomendar son “Estudio en Escarlata” y “El Perro de los Baskerville” (el libro de casos cortos Las Memorias de Sherlock Holmes”, también es genial, pero se necesitan algunas lecturas previas de casos del detective para poder disfrutarlo bien). Tengo que admitir que los casos tenían un nivel de detalle muy alto y muchas veces no podía entender muy bien su lógica y resolución, perdiéndome entre tantos datos y detallecitos, pero lo que sí me encantaba eran la personalidad y las maneras del protagonista.

En tercer año del secundario me tocó un excelente Profesor de Lengua y la temática de ese curso era la Literatura Latinoamericana. Leímos muy buenas obras del siglo XX y ese fue el mejor año de Lengua de todo el secundario, habiendo aprendido un montón. Dos de las mejores novelas que leímos durante ese año (y en todo el secundario) fueron “Los Cachorros” de Mario Vargas Llosa y “El Juguete Rabioso” de Roberto Arlt, historias relativamente breves de no más de cuatro o cinco capítulos pero de gran valor.

A fines del 2004 leí por recomendación Demian de Hermann Hesse, que terminó convirtiéndose en una de mis lecturas de cabecera por varios años. Es una historia difícil de resumir en pocas palabras, transcurre en la Europa previa a la primera guerra, y nos cuenta la historia de un chico desde los diez años hasta su temprana adultez. Si bien a Hesse se lo considera uno de los últimos representantes del romanticismo alemán, esta novela tiene claras influencias de las corrientes expresionistas e irracionalistas del período de entreguerras durante el cual fue escrita. Un relato muy místico y onírico, típico de su época. Por esos días yo tenía quince años y si bien hoy eso es una obviedad, para eso momento la simple idea de que algo no es necesariamente cierto por el hecho de que muchas personas lo crean, o que el hecho de que mucha gente diga algo eso no sea una verdad, me había fascinado. Los quince años son una edad complicada, al punto de que hoy ya algunos hablan de “La Crisis de los Quince”.

Con la aprobación de Demian decidí abrirme más a la lectura de clásicos y ese mismo verano me compré “La Metamorfosis” de Kafka y “Un Mundo Feliz” de Aldous Huxley. El primero me había gustado pero me había resultado un poco denso, en cuanto al segundo no me produjo lo mismo que si le había producido a algunos amigos que lo habían leído, sentí como que me deprimió sin necesidad, y aclaro que deprimir no es lo mismo que conmover. Sentí que la novela de Huxley no me había aportado mucho y era más lo que me había deprimido, sin embargo me llegaron a decir una frase clásica en el ámbito de la lectura: “Por ahí no estás en tu momento de leerlo”.

Luego de esto decidí retomar la lectura de Hermann Hesse, y agarré libros como “Bajo la Rueda” o “Peter Camenzind”, ambos basados en distintas etapas de la vida del autor. “El Lobo Estepario” también lo leí y me gustó bastante aunque debo confesar que no logré entender el final.

Los libros de Harry Potter los seguí leyendo a medida que salían, pero ya como un buen clásico y no como un libro muy revelador, a diferencia de Demian y de uno de los próximos libros que leería.

Para el verano anterior a comenzar quinto año me enganché con “El Guardían entre el Centeno” (The Catcher in the Rye) de J.D. Salinger. Holden Caulfield, el protagonista, es ya un clásico de la cultura norteamericana, un adolescente que esta podrido de la sociedad en la que vive, a la cual él considera bastante hipócrita. La novela nos cuenta lo que es de su vida durante los tres días posteriores a que él se escape del colegio por haber sido expulsado (en realidad no iba a poder cursar el año siguiente pero tenía que quedarse durante los tres días que le quedaban de clases), mientras vaga por los distintos lugares de Nueva York descubrimos a diferentes personas, así como la opinión de Holden sobre ellos y sobre la vida. Un gran clásico del siglo XX, una lectura muy divertida y crítica, pero aunque el lector no lo espere, también tiene varias partes muy dulces.

lunes, 12 de abril de 2010

La Vieja milagrosa (Basado en una historia real)

Lo que estan a punto de leer es una anécdota que no me pasó a mí, sino a una persona cercana. Cuando me la contaron no podía parar de cagarme de la risa, hasta el punto que me fue inevitable decirme a mí mismo: "Tengo que escribir algo sobre eso". Y así fue como me senté con esta persona y la empecé a entrevistar pidiéndole algunos detalles y el orden cronólogico de los hechos. De todas formas no es lo mismo escuchar la historia oralmente de quien la vivío, conociéndolo, que leer la versión escrita de alguien que no fue parte de ella. En fín, espero al menos entretenerlos un rato. Disfruten la lectura!!

La Vieja milagrosa:

Salía de un local de la avenida Santa Fe luego de haberme comprado un par de zapatillas deportivas que iba a usar para correr. Esas zapatillas las había visto el día anterior cuando había venido al centro para hacer un trámite, pero como no tenía mi tarjeta conmigo no las iba a poder comprar en cuotas, por eso las había reservado para comprarlas al día siguiente. Fui para la parada del 60 que estaba sobre la calle Ayacucho. Esperando el colectivo me encontré con una señora desorientada preguntando cual de todos la podía dejar en el hipódromo de San Isidro. Le respondí que cualquiera que dijera “alto”, o “bajo”, o cualquiera que fuera por la avenida Maipú.

- Igual quédese tranquila que yo justo voy para esa zona. – le dije.

Mientras esperábamos el colectivo, ella me contaba que había venido para el centro porque había tenido que visitar a una amiga a la cual se le había muerto el hijo de treinta años en Bariloche, hacía excursiones de turismo aventura. El tipo, según esta señora, llevaba gente en “esas camionetas grandes”.

- ¿Una cuatro por cuatro?
- No, no, esas que son mas grandes. Yo por suerte no necesito nada de eso porque desde que entré en esta comunidad ya estoy limpia, estoy purificada y me sacaron toda la porquería que había tenido antes adentro. Me limpiaron, porque la Biblia dice que todos tenemos el don de exorcizar a los demás. ¡Y los curas no hacen nada! Tengo una amiga que va a esas Iglesias de gente bien y cada vez esta peor.

El colectivo había llegado, la deje subir primero.

- Hasta el hipódromo de San Isidro,- le dijo la mujer al colectivero- pero no voy a jugar, eh.

No entendía la necesidad de aclarar algo que no iba a hacer. Además, ¿en que le podía influir que el colectivero lo supiera o no?

- No entiendo que tiene de malo que vaya a jugar. - le dije al chofer.
- Claro, claro. – me respondió

Yo ya me sentía un poco incomodo con esa señora. Cuando me estaba por sentar, la escuchaba desde el fondo golpeando el asiento vacío de al lado de ella y diciéndome “¡Sentáte acá! ¡Sentáte acá!”. Por pura cortesía y un poco de pelotudo me senté.

Me había empezado a hablar de cómo había conseguido la plata para el boleto del colectivo: le iba pidiendo cambio a la gente, pero ésta no le aceptaba los billetes de dos o de cinco pesos y le daban el cambio en monedas directamente. Metía la mano en la cartera y decía cosas como “Dame plata, Diosito” y además de muchas monedas, mostraba billetes de cien pesos, ¡¡Delante de un completo desconocido!! Además pensaba: “esta sin buscarlo y sin dedicarse a ello, sacó un montón de plata de pedirla en la calle”-

Entre las cosas que seguía sacando de la cartera había sacado un papel de su dentista, un turno, bah.

- Ah, esto es del dentista. – me dijo.

El dentista era un delincuente que le había hecho mal el trabajo, según ella, porque ella a él le había caído mal. Yo por dentro pensaba: “Y... muy posiblemente debe haber sido así.”

Le había pagado no me acuerdo cuanto para que le implante unos dientes postizos, y lo había hecho mal. Ella se había terminado sacando los dientes y se los había arreglado ella misma, después, cuando había vuelto, no le había dicho nada al dentista para que no se diera cuenta. No podía entender bien algo, ¿para qué había vuelto al dentista si trabajaba mal?

- No, no, después nos reíamos… - me dijo – me contaba, pero al parecer no tenía demasiada estabilidad. – a ese lo voy a tener que demandar. ¡¡Porque me hizo mal el trabajo, porque me hizo un desastre!!

Y así ella seguía quejándose sobre el dentista y diciendo que lo iba a demandar hasta que en un momento no se que le pasó por la cabeza y dijo: “No, no, lo perdono, lo perdono”.

Después sacó otro papel y me lo dio, era de ese culto al que pertenecía. Me había llamado un poco la atención porque lo primero que leía en el folleto era un fragmento de una canción de Bob Marley. Cuando leí eso por curiosidad, pedí quedármelo para observarlo más detenidamente en casa, a pesar de que ya sentía un poco de rechazo por esa vieja.

Siguió hablándome de su vida, me contaba que tenía problemas en la espalda (algo que se llamaba “herencia de disco”, o algo así) y dedos martillo, según los nombres que usaba ella, además sentía siempre calor, por el fuego negativo que llevaba adentro, me decía. El problema en la espalda lo tenía porque le hacían cargar el mueble. ¡Cómo si yo supiera de qué mueble me estaba hablando! Y ahí volvió a repetir que los de su religión la habían liberado, que la habían exorcizado.

- ¿Hace mucho que practica esa religión? – le había preguntado.
- No, no, hará unos dos años. Me enteré de esa comunidad por mi hija, igual ella ya no viene más. Antes vivía en la cama, y de un día para el otro, luego de visitar el centro, se me fueron todos los dolores, se me fueron los dedos martillo, y sentí una felicidad plena, sentía que estaba en comunión con Jesús.
- ¿Y su marido no la acompaña a esos lugares?
- No, falleció antes de que yo supiera que existía ese centro.

No me acuerdo como había salido el tema, pero me comentó que nunca en su vida había ido a tomar un café en un bar, y ya tenía ochenta y tres años…

- ¿Nunca fue con su marido?
- ¡No! ¡Me da asco! ¡asco! ¡asco! Cuando mis amigas me dicen de tomar un café les digo de venir a mi casa. ¿Acaso no hay más que un café? Lo que si nunca vi, pero me gustaría ver es una obra de teatro de humor.
- Pero señora: ¿Por qué no se fija en el diario? en la parte de espectáculos, seguro que ahí encuentra algo.
- No, ¿pero yo cómo se cuales son cómicos?
- Se puede fijar, figura el género de las obras, o sino le pregunta a alguien que sepa.
- ¡No! ¿Para qué comprar el diario? ¡¿Para abrirlo y ver solamente culos?!

No entendía a que se refería, pero mas adelante, después de haberle contando esa anécdota a otras personas, me dirían que en general los diarios de distribución gratuita son mas del estilo que decía esa vieja, podía ser que la tipa solamente hubiera leído de reojo ese tipo de diarios, aunque la verdad, ni idea.

En sus constantes negaciones a las sugerencias que uno le daba, me empezaba a saturar cada vez más y eso hizo que el martirio se fuera acrecentando. Aparte hablaba con un tono muy alto parecido al estilo que usa Aschira para hablar.

En un momento, como para no dar tregua al viaje, apareció un músico, y la señora había empezado a hablar mal de los músicos:

- A estos yo no les doy nada. Habiendo viejos, pobres y discapacitados estos que tienen todo el cuerpo tendrían que estar trabajando.

Ya me estaba produciendo bronca…

- Yo admiro mucho a los músicos y aparte están trabajando. ¡¿Sabe el talento que hay que tener para tocar así?!
- Bueno, entonces que vayan a tocar a la Iglesia.

Ya no era incomodidad lo que sentía, era rechazo, repulsión. Cuando el guitarrista terminó de interpretar su primer canción aplaudí con énfasis para expresar mi admiración y respeto hacia el músico.

Había decidido no escucharla, ni hablar más, pero aún así ella me seguía hablando como si yo lo estuviera prestando la mejor de las atenciones, y a mi me daba vergüenza levantarme del asiento. Entre el murmullo y su tono alto y brujeril escuche que me seguía hablando de una vez que sus amigos en el bajo la habían llevado a un pajonal, o a un terreno baldío y entonces ella se había puesto a correr y correr. Sus amigos la buscaban hasta que la vieron arriba de un arbol mientras gritaba: “¡estoy acá! ¡estoy acá! ¡soy la mona chita!”

Disculpen, algunas cosas pueden perder el sentido y no tener algo de lógica, yo para ese momento trataba de no escucharla, pero aún así ella seguía hablando y necesito hacer la historia fiel a lo que recuerdo, pero no puedo desarrollarla completamente acorde a la realidad.

Ya estábamos a cuadras de llegar al hipódromo y ella me había empezado a dar una y otra vez ese sermón martirizante de que “el juego es pecado” mientras yo recordaba que en minutos iba a ir a jugar, pero al hipódromo de Palermo.

Ya cuando estaba a pocas cuadras de bajarme, me mira con unos ojos desorbitados, inclina la cabeza, puesto que yo soy un poco más alto que ella y me dice, ya pareciéndose a un Gollum:

- Cuando llegués a tu casa le vas a contar a tu mamá que te agarró una vieja loca en el colectivo que no paraba de hablar… ¡¡Te dí una viaba!! Dijo alargando la primera “a” de la última palabra.

Entonces yo le respondí, ya antes de bajarme del colectivo una parada antes:

- ¡¡Ah, entonces usted se da cuenta de lo que produce en los demás!!

Al pisar la vereda sentía una paz y una armonía con el mundo increíble, no se si fue un contraste de haber estado mas de una hora con esa vieja o si realmente la mujer tenía poderes o algo, quizás me había exorcizado. Lo cierto fue, que ese mismo día más tarde, en el casino me había ido bastante bien.