Hace unos años, leyendo uno de esos mails en cadena bastante molestos y cursis, leí una frase de esas que la gente usa mucho, que sirven como muletillas, que a veces ayudan a hacer parecer que alguien tiene la razón aunque no la tenga. Esa frase era: “Existen tres cosas en la vida, mi verdad, tu verdad, y la verdad”. Si uno vio en el colegio secundario, en el CBC o en la facultad, a algunos de los filósofos más relevantes de occidente, puede apreciar que esa frase tiene una clara posición platónica, la cual afirma que existe una realidad objetiva, eterna e inmutable que es independiente de los individuos. Traducido a un lenguaje coloquial podríamos decir que lo que Platón afirmaba era que más allá de lo que yo puedo decir y de lo que vos puedas decir, existe una verdad independiente de nuestras opiniones que está ahí.
Las Ideas platónicas son realidades inmateriales, objetivas, eternas e inmutables que son independientes de los individuos, a ellas podemos llegar mediante el intelecto. Platón nos presenta algunas pruebas de su existencia, como ser el ejemplo del carpintero, él puede fabricar sillas, pero al hacerlo no esta copiando otra silla que ya tiene una existencia material sino que en su mente esta la “Idea de silla”, es decir, algo que tenga cuatro patas y que sirva para que otro se siente encima. Otra prueba de la existencia de las Ideas que presenta Platón son justamente las representaciones de nuestra mente, nosotros podemos imaginar cosas porque en nuestra mente están las Ideas de esas cosas, prueba de esto es que podemos imaginar a un perro sin que ese perro que imaginamos tenga una existencia en el mundo material.
Sin duda las Ideas existen ya que las pruebas de Platón son contundentes, pero la forma en que él las concibe puede resultar demasiado perfeccionista. ¿Por qué tienen que ser independientes de los individuos? Platón dice que hay cosas porque hay Ideas, primero existieron las Ideas y luego las cosas. Para él existen dos mundos, el mundo tangible (mundo de las cosas) y el mundo inteligible (mundo de las Ideas), las cosas mantienen una relación de representación con las Ideas, es decir que el modelo son las Ideas, y las cosas “la copia”. ¿No podría ser al revés? ¿No podría haber Ideas por haber cosas? ¿Es decir, no podríamos tener contacto con las cosas materiales y al hacerlo realizar una abstracción de la mente y crear a la Idea? Aristóteles, discípulo de Platón, afirma más o menos eso.
De ser así podríamos plantear que las Ideas son producto de una abstracción y generalización de los individuos y por ende no son independientes a él, sino comunes a un conjunto de individuos. Si es así, ¿Se podría alcanzar la verdad por medio del intelecto? Si el individuo forma las Ideas de acuerdo a una abstracción del pensamiento sobre las cosas que conoce (y es acá cuando nos acercamos más a Hume), la verdad que formule ya no sería absoluta, eterna ni inmutable, sino que estaría en relación con las Ideas que posea en la mente aquel individuo. A lo sumo se podría alcanzar una verdad intersubjetiva, es decir una verdad compartida por todos los individuos de un grupo común.
Kant representa al giro copernicano del conocimiento. Copernico afirmaba que no era el Sol el que giraba alrededor de la Tierra, sino al revés, el centro había pasado de ser la Tierra (geocentrismo), a ser el Sol (heliocentrismo). Algo similar sucede con este filósofo alemán. Filósofos previos a Kant, como ser Descartes o Hume, coincidían en que el sujeto podía conocer al objeto tal cual era, el objeto constituía al sujeto, con la revolución copernicana del conocimiento esto se da vuelta, y pasa a ser el sujeto quien constituye al objeto. De esta manera Kant dice que no podemos conocer la realidad. No vemos las cosas tal cual son, sino que las vemos en apariencia, vemos lo que las cosas “parecen”. El alemán nos pone el ejemplo de unos anteojos azules: supongamos que todos los seres humanos hubiéramos nacido con anteojos azules, estos anteojos son parte de nuestros ojos y no podemos quitárnoslos, al mismo tiempo tampoco somos concientes de que los llevamos puestos, de manera que vemos todo azul y no nos percatamos de que somos nosotros quienes vemos al mundo azul sin que éste lo sea. Estamos limitados para conocer la realidad.
Si no podemos conocer la realidad o la verdad, ¿cómo podemos saber que existe? ¿Qué entendemos por verdad? Solemos decir que un enunciado es verdadero cuando se corresponde con los hechos concretos, es decir que si un señor dice “yo soy rico”, y vamos a la casa y tiene mucha plata, ese señor esta diciendo la verdad. Pero si no pudiéramos formular enunciados, no podríamos ni mentir ni decir la verdad ya que ésta está en relación con ellos. Esto lo podemos ver en el texto de Nietzsche, “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral”.
Si la verdad depende del lenguaje y el lenguaje es una construcción humana, podríamos decir que la verdad también es una construcción humana, y una construcción humana relativa. Hay algunas supuestas verdades universalmente válidas como ser por ejemplo: “El cielo es azul”, sin embargo si lo analizamos en profundidad, esta verdad depende de un marco teórico, ya que para formular este enunciado antes tenemos que tener un concepto de cielo y un concepto de color.
La verdad es relativa a un marco teórico y al lenguaje. Volviendo a Kant, no solamente nacemos con anteojos que nos dan una determinada visión del mundo sino que también vamos modificando nosotros mismos esos anteojos, a través de nuestras experiencias y las cosas que aprendemos. Los anteojos representan nuestra forma de interpretar la realidad y la verdad es relativa a esa forma nuestra de interpretar la realidad. No hay una verdad independiente de los individuos, pero si se podría llegar a una verdad común a los distintos individuos, esto quizás podría lograrse mediante el consenso, y el intercambio de impresiones y experiencias. Esta necesidad de crear una verdad común con la cual podríamos entendernos unos con otros podría ser el motivo por el cual algunos filósofos irracionalistas sostenían que la verdad es una “mentira necesaria”.
Las Ideas platónicas son realidades inmateriales, objetivas, eternas e inmutables que son independientes de los individuos, a ellas podemos llegar mediante el intelecto. Platón nos presenta algunas pruebas de su existencia, como ser el ejemplo del carpintero, él puede fabricar sillas, pero al hacerlo no esta copiando otra silla que ya tiene una existencia material sino que en su mente esta la “Idea de silla”, es decir, algo que tenga cuatro patas y que sirva para que otro se siente encima. Otra prueba de la existencia de las Ideas que presenta Platón son justamente las representaciones de nuestra mente, nosotros podemos imaginar cosas porque en nuestra mente están las Ideas de esas cosas, prueba de esto es que podemos imaginar a un perro sin que ese perro que imaginamos tenga una existencia en el mundo material.
Sin duda las Ideas existen ya que las pruebas de Platón son contundentes, pero la forma en que él las concibe puede resultar demasiado perfeccionista. ¿Por qué tienen que ser independientes de los individuos? Platón dice que hay cosas porque hay Ideas, primero existieron las Ideas y luego las cosas. Para él existen dos mundos, el mundo tangible (mundo de las cosas) y el mundo inteligible (mundo de las Ideas), las cosas mantienen una relación de representación con las Ideas, es decir que el modelo son las Ideas, y las cosas “la copia”. ¿No podría ser al revés? ¿No podría haber Ideas por haber cosas? ¿Es decir, no podríamos tener contacto con las cosas materiales y al hacerlo realizar una abstracción de la mente y crear a la Idea? Aristóteles, discípulo de Platón, afirma más o menos eso.
De ser así podríamos plantear que las Ideas son producto de una abstracción y generalización de los individuos y por ende no son independientes a él, sino comunes a un conjunto de individuos. Si es así, ¿Se podría alcanzar la verdad por medio del intelecto? Si el individuo forma las Ideas de acuerdo a una abstracción del pensamiento sobre las cosas que conoce (y es acá cuando nos acercamos más a Hume), la verdad que formule ya no sería absoluta, eterna ni inmutable, sino que estaría en relación con las Ideas que posea en la mente aquel individuo. A lo sumo se podría alcanzar una verdad intersubjetiva, es decir una verdad compartida por todos los individuos de un grupo común.
Kant representa al giro copernicano del conocimiento. Copernico afirmaba que no era el Sol el que giraba alrededor de la Tierra, sino al revés, el centro había pasado de ser la Tierra (geocentrismo), a ser el Sol (heliocentrismo). Algo similar sucede con este filósofo alemán. Filósofos previos a Kant, como ser Descartes o Hume, coincidían en que el sujeto podía conocer al objeto tal cual era, el objeto constituía al sujeto, con la revolución copernicana del conocimiento esto se da vuelta, y pasa a ser el sujeto quien constituye al objeto. De esta manera Kant dice que no podemos conocer la realidad. No vemos las cosas tal cual son, sino que las vemos en apariencia, vemos lo que las cosas “parecen”. El alemán nos pone el ejemplo de unos anteojos azules: supongamos que todos los seres humanos hubiéramos nacido con anteojos azules, estos anteojos son parte de nuestros ojos y no podemos quitárnoslos, al mismo tiempo tampoco somos concientes de que los llevamos puestos, de manera que vemos todo azul y no nos percatamos de que somos nosotros quienes vemos al mundo azul sin que éste lo sea. Estamos limitados para conocer la realidad.
Si no podemos conocer la realidad o la verdad, ¿cómo podemos saber que existe? ¿Qué entendemos por verdad? Solemos decir que un enunciado es verdadero cuando se corresponde con los hechos concretos, es decir que si un señor dice “yo soy rico”, y vamos a la casa y tiene mucha plata, ese señor esta diciendo la verdad. Pero si no pudiéramos formular enunciados, no podríamos ni mentir ni decir la verdad ya que ésta está en relación con ellos. Esto lo podemos ver en el texto de Nietzsche, “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral”.
Si la verdad depende del lenguaje y el lenguaje es una construcción humana, podríamos decir que la verdad también es una construcción humana, y una construcción humana relativa. Hay algunas supuestas verdades universalmente válidas como ser por ejemplo: “El cielo es azul”, sin embargo si lo analizamos en profundidad, esta verdad depende de un marco teórico, ya que para formular este enunciado antes tenemos que tener un concepto de cielo y un concepto de color.
La verdad es relativa a un marco teórico y al lenguaje. Volviendo a Kant, no solamente nacemos con anteojos que nos dan una determinada visión del mundo sino que también vamos modificando nosotros mismos esos anteojos, a través de nuestras experiencias y las cosas que aprendemos. Los anteojos representan nuestra forma de interpretar la realidad y la verdad es relativa a esa forma nuestra de interpretar la realidad. No hay una verdad independiente de los individuos, pero si se podría llegar a una verdad común a los distintos individuos, esto quizás podría lograrse mediante el consenso, y el intercambio de impresiones y experiencias. Esta necesidad de crear una verdad común con la cual podríamos entendernos unos con otros podría ser el motivo por el cual algunos filósofos irracionalistas sostenían que la verdad es una “mentira necesaria”.