
Haciendo clics en diferentes links de Wikipedia había llegado a enterarme que existía una trilogía de novelas policiales llamada Millennium, escritas por un ya difunto autor sueco. Una saga relativamente nueva. Lo que no creí fue que esa serie de novelas ya estuviera disponible en las librerías de Buenos Aires, cosa de la cual me entere hace unas semanas leyendo la revista ADN Cultura que sale los sábados con el diario La Nación.
Al día de hoy llevo leído el primer libro, Los hombres que no amaban a las mujeres. La historia se centra en un periodista sueco, Mikael Blomkvist, que es contratado por un viejo empresario retirado para que resuelva el caso de la desaparición de su sobrina hace ya treinta y seis años. Para esto necesitará la ayuda de Lisbeth Salander, una investigadora privada de veinticuatro años que a su vez es hacker, brillante pero socialmente muy torpe.
Me gusta mucho leer policiales de tanto en tanto, aunque a veces tengo que admitir que soy un poco lerdo para seguir esos detalles tan sutiles que terminan resultando indispensables para el entendimiento de la trama. Me interesan mucho las novelas policíacas protagonizadas por detectives excéntricos como ser L de Death Note, Christopher Boone de El curioso caso del perro a la media noche (una novela de Mark Haddon), o el mismísimo Sherlock Holmes. Todos muy diferentes a los demás mortales, geniales pero con cero tacto en cuanto a las relaciones sociales.
Los hombres que no amaban a las mujeres, la primera de las tres novelas de Stieg Larsson, tiene algo que no es demasiado fácil de encontrar, la cualidad de poder absorber al lector, que uno lea y lo haga ansioso con ganas de saber que es lo que va a pasar en la siguiente página. Si bien hay muchas novelas que valen la pena, grandes clásicos, que uno no puede dejar pasar desapercibidos, la novela de Stieg Larsson tiene esta esencia, la facultad de poder hacer que el lector “quiera seguir leyendo”.
Por el momento pienso darle una pausa a esta trilogía, para leer un libro de otro autor sueco, Déjame Entrar, de un tal John Ajvide Lindqvist, novela de la cual se va a estrenar la película este año. Por lo pronto, es hora de volver a Marx, y estudiar para el final del próximo sábado.
Al día de hoy llevo leído el primer libro, Los hombres que no amaban a las mujeres. La historia se centra en un periodista sueco, Mikael Blomkvist, que es contratado por un viejo empresario retirado para que resuelva el caso de la desaparición de su sobrina hace ya treinta y seis años. Para esto necesitará la ayuda de Lisbeth Salander, una investigadora privada de veinticuatro años que a su vez es hacker, brillante pero socialmente muy torpe.
Me gusta mucho leer policiales de tanto en tanto, aunque a veces tengo que admitir que soy un poco lerdo para seguir esos detalles tan sutiles que terminan resultando indispensables para el entendimiento de la trama. Me interesan mucho las novelas policíacas protagonizadas por detectives excéntricos como ser L de Death Note, Christopher Boone de El curioso caso del perro a la media noche (una novela de Mark Haddon), o el mismísimo Sherlock Holmes. Todos muy diferentes a los demás mortales, geniales pero con cero tacto en cuanto a las relaciones sociales.
Los hombres que no amaban a las mujeres, la primera de las tres novelas de Stieg Larsson, tiene algo que no es demasiado fácil de encontrar, la cualidad de poder absorber al lector, que uno lea y lo haga ansioso con ganas de saber que es lo que va a pasar en la siguiente página. Si bien hay muchas novelas que valen la pena, grandes clásicos, que uno no puede dejar pasar desapercibidos, la novela de Stieg Larsson tiene esta esencia, la facultad de poder hacer que el lector “quiera seguir leyendo”.
Por el momento pienso darle una pausa a esta trilogía, para leer un libro de otro autor sueco, Déjame Entrar, de un tal John Ajvide Lindqvist, novela de la cual se va a estrenar la película este año. Por lo pronto, es hora de volver a Marx, y estudiar para el final del próximo sábado.