lunes, 12 de abril de 2010

La Vieja milagrosa (Basado en una historia real)

Lo que estan a punto de leer es una anécdota que no me pasó a mí, sino a una persona cercana. Cuando me la contaron no podía parar de cagarme de la risa, hasta el punto que me fue inevitable decirme a mí mismo: "Tengo que escribir algo sobre eso". Y así fue como me senté con esta persona y la empecé a entrevistar pidiéndole algunos detalles y el orden cronólogico de los hechos. De todas formas no es lo mismo escuchar la historia oralmente de quien la vivío, conociéndolo, que leer la versión escrita de alguien que no fue parte de ella. En fín, espero al menos entretenerlos un rato. Disfruten la lectura!!

La Vieja milagrosa:

Salía de un local de la avenida Santa Fe luego de haberme comprado un par de zapatillas deportivas que iba a usar para correr. Esas zapatillas las había visto el día anterior cuando había venido al centro para hacer un trámite, pero como no tenía mi tarjeta conmigo no las iba a poder comprar en cuotas, por eso las había reservado para comprarlas al día siguiente. Fui para la parada del 60 que estaba sobre la calle Ayacucho. Esperando el colectivo me encontré con una señora desorientada preguntando cual de todos la podía dejar en el hipódromo de San Isidro. Le respondí que cualquiera que dijera “alto”, o “bajo”, o cualquiera que fuera por la avenida Maipú.

- Igual quédese tranquila que yo justo voy para esa zona. – le dije.

Mientras esperábamos el colectivo, ella me contaba que había venido para el centro porque había tenido que visitar a una amiga a la cual se le había muerto el hijo de treinta años en Bariloche, hacía excursiones de turismo aventura. El tipo, según esta señora, llevaba gente en “esas camionetas grandes”.

- ¿Una cuatro por cuatro?
- No, no, esas que son mas grandes. Yo por suerte no necesito nada de eso porque desde que entré en esta comunidad ya estoy limpia, estoy purificada y me sacaron toda la porquería que había tenido antes adentro. Me limpiaron, porque la Biblia dice que todos tenemos el don de exorcizar a los demás. ¡Y los curas no hacen nada! Tengo una amiga que va a esas Iglesias de gente bien y cada vez esta peor.

El colectivo había llegado, la deje subir primero.

- Hasta el hipódromo de San Isidro,- le dijo la mujer al colectivero- pero no voy a jugar, eh.

No entendía la necesidad de aclarar algo que no iba a hacer. Además, ¿en que le podía influir que el colectivero lo supiera o no?

- No entiendo que tiene de malo que vaya a jugar. - le dije al chofer.
- Claro, claro. – me respondió

Yo ya me sentía un poco incomodo con esa señora. Cuando me estaba por sentar, la escuchaba desde el fondo golpeando el asiento vacío de al lado de ella y diciéndome “¡Sentáte acá! ¡Sentáte acá!”. Por pura cortesía y un poco de pelotudo me senté.

Me había empezado a hablar de cómo había conseguido la plata para el boleto del colectivo: le iba pidiendo cambio a la gente, pero ésta no le aceptaba los billetes de dos o de cinco pesos y le daban el cambio en monedas directamente. Metía la mano en la cartera y decía cosas como “Dame plata, Diosito” y además de muchas monedas, mostraba billetes de cien pesos, ¡¡Delante de un completo desconocido!! Además pensaba: “esta sin buscarlo y sin dedicarse a ello, sacó un montón de plata de pedirla en la calle”-

Entre las cosas que seguía sacando de la cartera había sacado un papel de su dentista, un turno, bah.

- Ah, esto es del dentista. – me dijo.

El dentista era un delincuente que le había hecho mal el trabajo, según ella, porque ella a él le había caído mal. Yo por dentro pensaba: “Y... muy posiblemente debe haber sido así.”

Le había pagado no me acuerdo cuanto para que le implante unos dientes postizos, y lo había hecho mal. Ella se había terminado sacando los dientes y se los había arreglado ella misma, después, cuando había vuelto, no le había dicho nada al dentista para que no se diera cuenta. No podía entender bien algo, ¿para qué había vuelto al dentista si trabajaba mal?

- No, no, después nos reíamos… - me dijo – me contaba, pero al parecer no tenía demasiada estabilidad. – a ese lo voy a tener que demandar. ¡¡Porque me hizo mal el trabajo, porque me hizo un desastre!!

Y así ella seguía quejándose sobre el dentista y diciendo que lo iba a demandar hasta que en un momento no se que le pasó por la cabeza y dijo: “No, no, lo perdono, lo perdono”.

Después sacó otro papel y me lo dio, era de ese culto al que pertenecía. Me había llamado un poco la atención porque lo primero que leía en el folleto era un fragmento de una canción de Bob Marley. Cuando leí eso por curiosidad, pedí quedármelo para observarlo más detenidamente en casa, a pesar de que ya sentía un poco de rechazo por esa vieja.

Siguió hablándome de su vida, me contaba que tenía problemas en la espalda (algo que se llamaba “herencia de disco”, o algo así) y dedos martillo, según los nombres que usaba ella, además sentía siempre calor, por el fuego negativo que llevaba adentro, me decía. El problema en la espalda lo tenía porque le hacían cargar el mueble. ¡Cómo si yo supiera de qué mueble me estaba hablando! Y ahí volvió a repetir que los de su religión la habían liberado, que la habían exorcizado.

- ¿Hace mucho que practica esa religión? – le había preguntado.
- No, no, hará unos dos años. Me enteré de esa comunidad por mi hija, igual ella ya no viene más. Antes vivía en la cama, y de un día para el otro, luego de visitar el centro, se me fueron todos los dolores, se me fueron los dedos martillo, y sentí una felicidad plena, sentía que estaba en comunión con Jesús.
- ¿Y su marido no la acompaña a esos lugares?
- No, falleció antes de que yo supiera que existía ese centro.

No me acuerdo como había salido el tema, pero me comentó que nunca en su vida había ido a tomar un café en un bar, y ya tenía ochenta y tres años…

- ¿Nunca fue con su marido?
- ¡No! ¡Me da asco! ¡asco! ¡asco! Cuando mis amigas me dicen de tomar un café les digo de venir a mi casa. ¿Acaso no hay más que un café? Lo que si nunca vi, pero me gustaría ver es una obra de teatro de humor.
- Pero señora: ¿Por qué no se fija en el diario? en la parte de espectáculos, seguro que ahí encuentra algo.
- No, ¿pero yo cómo se cuales son cómicos?
- Se puede fijar, figura el género de las obras, o sino le pregunta a alguien que sepa.
- ¡No! ¿Para qué comprar el diario? ¡¿Para abrirlo y ver solamente culos?!

No entendía a que se refería, pero mas adelante, después de haberle contando esa anécdota a otras personas, me dirían que en general los diarios de distribución gratuita son mas del estilo que decía esa vieja, podía ser que la tipa solamente hubiera leído de reojo ese tipo de diarios, aunque la verdad, ni idea.

En sus constantes negaciones a las sugerencias que uno le daba, me empezaba a saturar cada vez más y eso hizo que el martirio se fuera acrecentando. Aparte hablaba con un tono muy alto parecido al estilo que usa Aschira para hablar.

En un momento, como para no dar tregua al viaje, apareció un músico, y la señora había empezado a hablar mal de los músicos:

- A estos yo no les doy nada. Habiendo viejos, pobres y discapacitados estos que tienen todo el cuerpo tendrían que estar trabajando.

Ya me estaba produciendo bronca…

- Yo admiro mucho a los músicos y aparte están trabajando. ¡¿Sabe el talento que hay que tener para tocar así?!
- Bueno, entonces que vayan a tocar a la Iglesia.

Ya no era incomodidad lo que sentía, era rechazo, repulsión. Cuando el guitarrista terminó de interpretar su primer canción aplaudí con énfasis para expresar mi admiración y respeto hacia el músico.

Había decidido no escucharla, ni hablar más, pero aún así ella me seguía hablando como si yo lo estuviera prestando la mejor de las atenciones, y a mi me daba vergüenza levantarme del asiento. Entre el murmullo y su tono alto y brujeril escuche que me seguía hablando de una vez que sus amigos en el bajo la habían llevado a un pajonal, o a un terreno baldío y entonces ella se había puesto a correr y correr. Sus amigos la buscaban hasta que la vieron arriba de un arbol mientras gritaba: “¡estoy acá! ¡estoy acá! ¡soy la mona chita!”

Disculpen, algunas cosas pueden perder el sentido y no tener algo de lógica, yo para ese momento trataba de no escucharla, pero aún así ella seguía hablando y necesito hacer la historia fiel a lo que recuerdo, pero no puedo desarrollarla completamente acorde a la realidad.

Ya estábamos a cuadras de llegar al hipódromo y ella me había empezado a dar una y otra vez ese sermón martirizante de que “el juego es pecado” mientras yo recordaba que en minutos iba a ir a jugar, pero al hipódromo de Palermo.

Ya cuando estaba a pocas cuadras de bajarme, me mira con unos ojos desorbitados, inclina la cabeza, puesto que yo soy un poco más alto que ella y me dice, ya pareciéndose a un Gollum:

- Cuando llegués a tu casa le vas a contar a tu mamá que te agarró una vieja loca en el colectivo que no paraba de hablar… ¡¡Te dí una viaba!! Dijo alargando la primera “a” de la última palabra.

Entonces yo le respondí, ya antes de bajarme del colectivo una parada antes:

- ¡¡Ah, entonces usted se da cuenta de lo que produce en los demás!!

Al pisar la vereda sentía una paz y una armonía con el mundo increíble, no se si fue un contraste de haber estado mas de una hora con esa vieja o si realmente la mujer tenía poderes o algo, quizás me había exorcizado. Lo cierto fue, que ese mismo día más tarde, en el casino me había ido bastante bien.

miércoles, 31 de marzo de 2010

El mundo anda apurado y yo voy a contramano

Me encanta escribir en el blog y leer después los comentarios que hacen. Me gusta desayunar un buen café con leche con azúcar, siempre que está bien hecho es como si se tratara de un postre. Últimamente las canciones que más escucho son de Fito, Calamaro (más que nada la canción: “Pasemos a otro tema”) y Zambayonny. Algunos podrán pensar que Zambayonny es de mal gusto, pero no se puede negar que es graciosamente ingenioso, un muy amigo mío me comentaba que, para él, Zamba era como el “Maiteno de los hombres”. Me cae muy bien Walter, mi profe de alemán, sabe hacer las clases interesantes y le pone mucha onda y ganas, lo único que por ahí les falta a sus clases es un poco más de método: usar más el libro y hacer más ejercicios de gramática, porque una vez nos pasamos toda una clase leyendo información bajada de Wikipedia que había traído un compañero. Me encantan el anime y el manga, el último gran anime que vi fue Death Note, y de los mangas que leí uno que me gustaría recomendar es Video Girl Ai, una suerte de historia romántica pero para varones, escribí un comentario de esa obra que figura en una de las primeras entradas del blog. Un lugar donde la paso muy bien es en la casa de un amigo donde hacemos reuniones, vamos ahí bastante seguido a cenar y a tomar unas cervezas, una vez comimos nachos con guacamole, el guacamole no había salido muy bien (demasiado tomate y limón) pero igual la pasamos lindo.

Últimamente no me puedo concentrar muy bien en escribir. ¿De dónde es que salen las ideas? ¿De dónde salen las ganas para sentarse y ponerse a estudiar? Cuando pienso en un tema para escribir, al poco tiempo cambio de idea y pierdo la constancia, mi carpeta se llena de archivos en puntodoc que no están terminados. Me estoy desorganizando un poco, y el tiempo pasa volando, cada vez que miro mi reloj pasa más o menos media hora. Me siento bien, pero me esta costando un poco expresar y desarrollar mis ideas.

jueves, 18 de marzo de 2010

Lunes 15 de Marzo - Cotidianeidad (véase también: "cotidianidad")

El curso de alemán fue lo mejor. Cuando uno se pasa varios años estudiando en un mismo instituto, llega un punto que es muy probable que uno ya conozca al profesor que le toca durante ese cuatrimestre, capaz no porque a uno ya le hubiera tocado antes, pero es posible que algún compañero lo haya tenido, o se lo haya cruzado en los pasillos o que haya reemplazado al profesor o profesora de turno alguna vez, y eso fue lo que pasó. Había entrado al curso rogando que no me tocara esa profesora tan ploma, que si bien era culta e intelectual y tenía anécdotas y material auxiliar muy interesante, era demasiado exigente y hacía que lo que en un principio fuese un curso interesante, recreativo y copado, pasara a ser algo parecido a esas materias de la facultad que tienen una base atrayente pero no dejan de ser demasiado densas. Por suerte me tocó otro profesor que ya conocía, nunca lo había tenido, pero ya desde mi primer año lo había conocido dando una clase rápida de media hora para gente que estaba interesada en estudiar alemán, además de eso también había sido suplente de una profe mía durante una clase, y me había hecho el test de nivel una vez después de haberle dado una pausa al idioma por unas meses. Él no se acordaba de mí, aunque era de esperar, ya que nunca había sido alumno suyo en un curso.

A partir de cierto nivel, ya en los cursos mas avanzados, los profesores no solamente tienen que conocer bien el idioma, sino que además necesitan tener cierta cultura del país cuya lengua enseñan, ya que no se trata sólo enseñar gramática y pronunciación, sino que a esa altura también es importante explicar los porqués, el motivo por el cual tal palabra se escribe de esa manera y no de otra, la etimología. Antes otro profesor me había dicho: “Si raspamos y buscamos el origen de las palabras podemos encontrar la historia de la cultura occidental”. Un curso prometedor, si le pongo ganas, y estudio con un mínimo de regularidad seguro que voy a poder aprovechar la cursada.

Al salir del instituto fui a pasar un rato a casa, en el medio pasé por algunas librerías, para comprarme cuadernos para la facu y además quería comprarme unas hojas A4 de color amarillo. En el último curso me habían dado una muy buena idea, es más, me la habían hecho aplicar: delante de todo, en la carpeta, teníamos que tener hojas de color en las cuales íbamos a anotar el vocabulario nuevo aprendido durante cada clase, pero nada de traducciones, sólo las palabras en alemán, y tampoco teníamos que escribir las palabras sueltas, sino que esas palabras tenían que estar dentro de una oración, de manera que las aprendíamos en su contexto y no sólo sabíamos su significado, sino también cómo usarlas. Desgraciadamente todavía no pude conseguir hojas de color de ese tamaño que no tuvieran textura y se pudiera escribir, pero sigo en la búsqueda.

Más a la tarde fui a la facultad, fue el regreso desde Diciembre. Un poco triste volver. Si bien muchos dicen que mi facultad es maravillosa, eso es verdad sólo desde el punto de vista de los contenidos, el estado del edificio es bastante lamentable. A veces me pregunto por qué no podemos tener una facultad como la de Derecho o Económicas, a veces me pongo un toque menos ambicioso y digo: ¿Por qué ni siquiera una como la de Medicina? Algunos respondiendo rápido y sin pensar te dicen así de reflejo: “Y bueno, porque son zurdos”, eso es discriminación, señores.

Tuve solamente una clase de dos horas, teórico de Historia Social Latinoamericana. El tipo, que era el titular de la cátedra, se puso a hablar del bicentenario y de las colonias españolas en America Latina, pero me preocupó un poco, porque no fue una charla, no fue un discurso y casi casi ni siquiera una clase, fue como un monólogo. Me asustó. El tipo permanecía en la misma posición, no estaba sentado ni parado, sino que se apoyaba sobre la mesa y, una vez que había empezado, no paraba de hablar, como si se tratara de la voz en off de un documental, y espero que no se lo tome a mal, pero sin las imágenes cuesta un poco seguir lo que estaba diciendo después de veinte minutos. En el medio uno hizo una breve acotación haciendo referencia al concepto de libertad burguesa según Marx, lo cual irritó un poco al profe, porqué según él, había venido a hablar de Latinoamérica, y el flaco le quería cambiar el tema, “lo quería correr”. No se por qué, la gente se vuelve demasiado pasional en las aulas de la Facultad de Sociales, pero bueno, es así y es así. Por suerte al final el profesor volvió a hablar de la materia y habló en términos más didácticos anotando palabras en el pizarrón, dando ejemplos e historias de definiciones.

Volví a casa, no sin antes pasar por alguna librería sin éxito en la búsqueda del papel de color. Pero todavía había tiempo, y era una idea que yo quería aplicar, nadie me apuraba.

Siempre hay un lunes de marzo dónde lo académico empieza, por suerte fue leve, pero es un día importante en el año, porque en general es el fin de las vacaciones, el fin de la joda, y el comienzo del compromiso, del estudio constante.
Una vez un amigo, más grande que yo, me había dicho algo que yo había tardado un poco en comprobar: “No hay nada peor que contarle el argumento de una película que a vos te gustó mucho a alguien que no la vio, y en el fondo, sabés que no la piensa ver”.

martes, 16 de marzo de 2010

Volver al Barrio

Volver al barrio siempre es una huida
casi como enfrentarse a dos espejos
uno que ve de cerca, otro de lejos
en la torpe memoria repetida

la infancia, la que fue, sigue perdida
no eran así los patios, son reflejos
esos niños que juegan ya son viejos
y van con más cautela por la vida

el barrio tiene encanto y lluvia mansa
rieles para un tranvía que descansa
y no irrumpe en la noche ni madruga

si uno busca trocitos de pasado
tal vez se halle a sí mismo ensimismado,
volver al barrio siempre es una fuga

Mario Benedetti

martes, 2 de marzo de 2010

Manuscritos, fines del segundo cuatrimestre del 2009

Lamento no haber podido postear antes, se me estuvo complicando tener acceso a una computadora comoda y poder relajarme y escribir. A partir de la semana que viene todo va a volver a la normalidad y seguramente vuelva con posts menos anacronicos y mas actuales. Desde ya, gracias por su comprensión.

Los quiere mucho,

Bellis Causa.


El verdadero nombre de Armando Barreda:

I

Empezaba la clase en el anfiteatro de Uriburu, Historia del Conocimiento Sociológico I. La clase la daba un tipo joven, bastante gracioso, que si bien a veces era complicado seguirlo, sus clases eran muy divertidas.
- Buenas noches. ¿Hoy vino el de Los Simpsons? Tenía ganas de saludarlo. – comentaba el profe, refiriéndose a un evento de la clase anterior.
Había hecho una pregunta demasiado específica de Los Simpsons, vinculada al capítulo donde Bart compite con el hijo de Flanders en un campeonato de Golf. Ese profe yo lo tenía en los teóricos pero se ve que varios también eran alumnos de los prácticos, por lo que lo veían tres veces por semana en lugar de dos (y hablaban más seguido de los Simpsons).
Después agregó:
- ¿Y alguno ya sabé en cuál capítulo de los Simpsons se ve a los personajes en una trinchera?
Varios tiraron que ese capítulo era el de “Los Peces del Infierno”, otros decían estar seguros de que se trataba del capítulo de “El Limonero de Springfield”. Pero todo eso era muy subjetivo y el capítulo en cuestión había sido el del pasado del director Skinner, como Armando Barreda.
- Así es, el capítulo del director Skinner, que en realidad es Armando Barreda, pero en realidad, para los hiper fanáticos, no es “Armando Barreda” tampoco. El verdadero nombre es… ¡Esta seguro que no se la sabe nadie!
De repente se escucho un grito de fondo:
- ¡¡¡ARMIN TAMZARIAN!!!
El profe se había tapado la cara con la mano, como admitiendo una derrota. Y totalmente sorprendido. Preguntó quién era el que había respondido desde las gradas de arriba, luego de obtener su respuesta agregó:
- Hay un Dios en esta clase… es increíble, al final parece que vengo a esta clase y me siento completo.
Había durado sólo dos minutos pero fue increíble, ese día me sentí, aunque fuera por un tiempo muy breve, uno de los mini ídolos de Sociológico I.

II
Muchos seguramente se preguntarán como puedo ser tan enfermo de saber ese detallecito de Los Simpsons. La historia es bastante simple, fue hace tres años, cuando volvíamos en auto de alguna cena o algo.
Comentabamos ese capítulo sobre “Armando Barreda” y yo había protestado: “¡¿Por qué carajo lo tradujeron como ‘Armando Barreda’?! Seguro que en la versión original en inglés tenía otro nombre”, decía. Otros me respondieron que seguramente tendría un nombre gracioso o típico de algún personaje menor, por lo que si lo dejaban igual, iba a perder el sentido en la versión doblada.
Seguramente en la versión original tenía otro nombre, ni bien me acordé de esa conversación cuando ya estaba en mi casa, decidí averiguar cuál era el verdadero verdadero nombre, cómo se llamaba “Armando Barreda” en la versión yankee.
Teniendo Internet como herramienta no era muy difícil. Gracias a Dios existe Wikipedia, que esta bien, tiene información errónea y a veces puede llegar a ser un tanto negacionista, pero a rasgos generales es información rápida y más o menos convincente. Cuando me enteré del verdadero nombre de Skinner me llevé una sorpresa. Armin Tamzarian, muchos dirán: “un nombre de medio oriente, o árabe”, sí, pero más precisamente es armenio. La inmensa mayoría de los apellidos armenios terminan en “ian”. Mi familia materna es armenia, por eso me había llamado tanto la atención, porque me había enterado que en los Simpsons había un personaje de la cole.
Muchos podrán decir que ese tipo de conocimientos no son muy útiles en la vida, pero al menos ahora el profe de Sociológico I me ubica perfectamente aún sin saber mi nombre, y si bien (a pesar de lo que él decía) saber eso no contribuyó a tener mejores notas en los parciales, siempre que en los ejemplos de las clases el profe hacía una alusión a los Simpsons miraba para donde estaba yo.

miércoles, 20 de enero de 2010

Borrador> improvisacion de Octubre-Noviembre del 2009

There’s a club, if you’d like to go,
You could meet somebody who really loves you,
So you go and you stay on your own,
And you leave on your own,
And you go home,
And you cry,
And you want to die.
The Smiths, How soon is now?


I

Aburrido salí de la facultad porque faltaba más de media hora para empezar la clase, tenía tiempo de sobra para pasear por la calle. En realidad, había ido con bastante anticipación porque tenía planeado terminar de leer unas fotocopias para poder estar más al día con la clase, pero enseguida me había cansado y salí. Salí a dar un par de vueltas.

Lo primero que hice fue ir para un quiosco de revistas que estaba en la esquina de Santa Fe y Azcuenaga donde vendían copias de DVD’s. Muchas boludeces made in USA pero también tenían unas cuantas películas buenas a sólo diez pesos. Eso sí, había que aguantarse al tipo que regenteaba el quiosco, un semi marginal malhumorado al que era mejor no preguntarle nada de las películas ni tampoco reclamarle que algún DVD no funcionaba bien. Para cuando llegué al local, vi que ya había varios mirando que películas podían llevarse, de manera que decidí seguir caminando y volver dentro de un rato.

Estaba deprimido, un poco melancólico. Lo curioso es que ya no tenía ningún motivo para estarlo. Me había ido bien en los parciales. A ella le había gustado el breve párrafo que le había escrito para reanimarla un poco en esos tiempos difíciles. Y como si todo esto fuera poco, llevaba más o menos unos tres meses sin haber tenido ningún tipo de discusión con mi hermana. Debía estar contento, pero no lo estaba. Supongo que al final eso que dicen es verdad, todo es física y química. Si uno se deprime muy seguido, al final termina haciéndolo sin tener ningún motivo.

Hay que salir de este infierno.

Eso mismo había dicho el jefe, la mañana de ese mismo día, cuando yo le había comentado que ya había pasado un año desde que lo había conocido.

Soy porteño y estoy realmente conforme con mi ciudad, pero a veces cuando estoy melancólico pienso que las calles de Santa Fe con sus habitantes que en general mucho no se conocen entre sí, y sus negocios de ropa de mujer, no hacen más que potenciar esa melancolía. A veces extraño Glerek, tengo parientes allá y los voy a visitar de vez en cuando, en vacaciones o algunos fines de semana largos. Uno allá no es tan anónimo, y esa ciudad te hace acordar un poco a Springfield, no es que todos se conozcan pero al menos hay un mayor trato entre las personas cercanas. Generalmente cuando voy allá voy caminando con mi primo a todos lados, y hay un olor muy particular en las calles, no es agradable pero si termina resultando característico, y es el olor a césped de las veredas mezclado con caca de perro, es asqueroso pero cuando uno está allá lo siente como algo mucho más biológico, por más grotesco que pueda sonar.

¿Qué quería hacer? Siempre cuando estaba solo y además aburrido empezaba a pensar y a pensar, y siempre todos mis pensamientos chocaban en esa pregunta: ¿Qué era lo que quería hacer? Me preguntaba a mí mismo eso para ver si podía alegrarme un poco, sí eso que quería hacer era posible. Tenía mis límites, en media hora tenía que estar en el aula de vuelta, por lo que decidí perder el tiempo yendo a Plaza Barrientos y volviendo enseguida la facu.

Haciéndote honor.

Me acordé de Soledad. La semana anterior había dicho que había estado en esa placita con el novio, haciéndome honor. Sole era la novia de uno de mis mejores amigos, y a su vez, de pura casualidad, era compañera mía en un curso extracurricular de la facultad. Yo la sentía como una especie de cuñada, más que nada por el hecho de que sabía varias cosas de mí no porque yo se las hubiera contado, sino por medio de Pom, mi amigo. Fue por eso que había dicho que habían estado en Barrientos haciéndome honor. Yo en una época iba seguido a perder el tiempo y a “filosofar” en esa plaza con Pommy, allá lejos y hace tiempo, cuando todavía íbamos al secundario. En el momento en que Sole me había dicho que habían estado allá “haciéndome honor”, no podía evitar pensar, qué otras cosas le había contado Pom. A no ser que él mismo lo hubiera olvidado, lo más seguro era que también le hubiera contado del motivo por el cual yo había empezado a ir a esa plaza y no a otra. Lili. Seguramente ya sabía sobre Lili

Lili era alguien que ya no significaba nada para mí entonces, pero en su momento tuvo una relevancia importante en mi vida. Era una amiga de la familia, hija de unos amigos de mis viejos, y creo que hasta era una pariente lejana nuestra, aunque eso nunca lo llegué a entender muy bien. No supe si era una prima lejana o si teníamos primos en común sin ser parientes entre nosotros. Lo cierto es que nuestros padres eran amigos, que la conocía desde que era muy chico y que ella a mí me gustaba.

A Lili solía verla por lo menos una vez por año, en sus cumpleaños. Eran esas fiestas que pretendían ser para la nena pero que habían muchos mas adultos que chicos. Y así pasó el tiempo. Uno de los primeros años ella me había ofrecido un chocolate, que yo trataba de morder y no se deshacía hasta darme cuenta de que era de plástico. Otro año, un poco más grandes, ella se había puesto a llorar porque con el hermano le habíamos desnudado unas muñecas. Su rol más fuerte en mi vida había sido durante mis primeros años del secundario, si bien no la veía más seguido que de costumbre. No era de los que la pasaban bien y estaban conformes con la institución, por eso (como todos alguna vez) necesitaba creer que en otro lugar había algo mejor, que con ella me podía llevar bien y que lo demás no importaba.

Para cuando tenía quince años, la había invitado al cine y para mi sorpresa ella había aceptado, lo había hecho casi con una semana de anticipación, pero para cuando el día se acercaba,.no tenía noticias de ella, así que había decidido llamarla. Ella no me atendía, cosa que me había bajoneado mucho, no podía hablar con mi familia de eso, por un lado porque eso hubiera significado actuar como un nene, y por el otro porque no quería alardear, decir que Lili había aceptado mi invitación hubiera sido mandarse la parte…Unos meses mas tarde me había enterado que ella y su familia se habían ido a vivir a Estados Unidos. Había sido una suerte de decepción, pero al mismo tiempo había crecido, era como enterarse de que Papa Noel no existía, pero en otro contexto.

Al principio iba a Plaza Barrientos porque cuando ella vivía en Baires, alquilaba películas en el Blockbuster que estaba enfrente. Por eso iba al principio, porque tenía la esperanza de cruzármela, pero luego de que ella se fuera seguí yendo por costumbre, de hecho caminar tan seguido había hecho que adelgazara un poco.

Ya para ese entonces Lili no tenía ninguna relevancia, pero la costumbre había quedado. Uno tiene que tener mucho cuidado con las acciones que hace repetidamente por más que lo haga de manera conciente, porque estas pueden terminar convirtiéndose en hábitos inconcientes.

Estaba aburrido, cansado de todo, aunque de manera moderada. Quiero decir, no pensaba ni suicidarme ni armar una revolución, y sabía que esa melancolía era pasajera, pero tenía que hacer algo para evitarla, para hacer que esta terminara más rápido. Algo tenía que hacer.

Ya lo había un director de cine, todo es cuestión de voluntad, todo es estrategia, meditar y premeditar. Hombre prevenido vale por dos. Mi plan ya había empezado.